3 planes cerca de la Ciudad de México para celebrar a mamá
Si todavía no tienes plan para celebrar a tu mamá, a tu esposa o a tu suegra, te preparé tres planes emergentes...
Hubo un momento en el que llegar a Tulum se sentía como descubrir un secreto bien guardado. Playas abiertas, caminos de tierra, hoteles pequeños y una vibra relajada que no necesitaba filtros. Hoy, algo cambió. No necesariamente para mal, pero sí de forma evidente. Hay más silencio en temporadas que antes eran impensables y una pregunta que cada vez más viajeros se hacen antes de reservar: ¿qué está pasando en Tulum?
Entender qué está pasando en Tulum hoy es clave antes de decidir si viajar o no. Porque el destino no desapareció, pero sí entró en una etapa distinta, marcada por cifras, precios elevados y una conversación cada vez más crítica sobre el modelo turístico que lo llevó hasta aquí.
Durante años, Tulum se construyó bajo una narrativa muy clara: exclusividad, lujo relajado y una conexión casi espiritual con la naturaleza. Ese relato funcionó. Y funcionó tan bien que el destino creció rápido, quizá demasiado rápido.
De acuerdo con información publicada por El País, esta sobreexplotación derivó en problemas ambientales que han afectado directamente a las comunidades locales, como la contaminación del agua. Al mismo tiempo, el desarrollo turístico se dio bajo un aura de lujo que impulsó precios cada vez más elevados y una clara predominancia del turismo extranjero, especialmente de Estados Unidos.
Las cifras ayudan a entender este cambio. En 2024, el Caribe mexicano (incluido Tulum) recibió 20,993,827 turistas, de los cuales el 67.6% fueron internacionales y solo el 32.4% nacionales, según datos citados por El País. Este desequilibrio explica por qué el destino se volvió menos accesible para el viajero promedio y más dependiente de un turismo de alto poder adquisitivo.
El problema no fue crecer, sino no saber cuándo frenar.
La percepción de que Tulum está más tranquilo no es solo una sensación. Los números lo confirman.
Según datos de la Secretaría de Turismo de Quintana Roo, retomados por El País, la ocupación hotelera en Tulum pasó de 66.7% en septiembre de 2024 a 49.2% en septiembre de 2025, lo que representa una caída de 17.5 puntos porcentuales en solo un año.
Además, entre enero y mayo de 2025, la afluencia turística (nacional e internacional) descendió 4.1% en comparación con el mismo periodo de 2024. Para un destino que durante años vivió prácticamente lleno, esta baja empieza a sentirse en el ritmo de la ciudad y en la actividad de muchos negocios locales.
Uno de los factores que más influye hoy en la decisión de viajar a Tulum ahora es el precio. Y aquí no se trata de percepciones, sino de cifras oficiales.
De acuerdo con información publicada por Forbes, basada en un operativo especial de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), el costo promedio de una habitación doble en Tulum es de 4,771.94 pesos por noche, con precios que van desde 2,200 hasta 13,860 pesos.
En la zona del Parque del Jaguar, una habitación sencilla alcanza un precio promedio de 3,577.50 pesos, con tarifas que pueden llegar hasta 10,569 pesos por noche.
El contraste aparece al mirar el centro de Tulum, lejos de las playas. Ahí, las habitaciones sencillas se encuentran entre 600 y 1,200 pesos, y las dobles entre 700 y 1,400 pesos. Dos realidades completamente distintas dentro del mismo destino.
El costo de los alimentos es otro tema recurrente en la conversación sobre el turismo en Tulum.
Según datos de Profeco citados por Forbes, una orden de tres tacos puede costar hasta 400 pesos, cuando en el resto del país este platillo suele oscilar entre 45 y 140 pesos.
Las quesadillas tampoco se quedan atrás: en Tulum se venden entre 120 y 290 pesos, con un promedio de 201 pesos, mientras que en ciudades como la Ciudad de México su precio habitual va de 20 a 50 pesos.
Cuando el costo se aleja demasiado del valor percibido, el viajero empieza a preguntarse si realmente vale la pena viajar a Tulum en este momento.
A este contexto se suma una de las polémicas más visibles de los últimos meses: el acceso a las playas.
Aunque en México son públicas por ley, en Tulum muchos viajeros se enfrentan a entradas poco claras, consumo mínimo implícito o restricciones que no siempre se comunican bien. Más allá del marco legal, la experiencia termina siendo confusa, en algunos casos, frustrante y en turismo, la percepción pesa tanto como la realidad.
La respuesta corta es: depende. La más honesta es que la baja de turistas en Tulum responde a una combinación de precios elevados, saturación del modelo turístico y una experiencia que ya no siempre coincide con las expectativas del viajero.
Mi postura como viajera: Tulum no está perdido, pero sí está cansado. Y como viajeros, también tenemos responsabilidad en eso. No todo destino necesita ser visitado todo el tiempo ni de la misma forma. A veces, viajar mejor implica saber cuándo no ir, así que aquí te dejo dos visiones para reflexionar:
México tiene destinos igual de increíbles que hoy ofrecen experiencias más tranquilas, accesibles y auténticas. Elegir no ir a Tulum ahora no significa renunciar a un buen viaje, sino abrir la puerta a descubrir otros lugares.
Si estás buscando alternativas, en este artículo reuní tres destinos maravillosos, ideales para viajar sin saturación y con otra calma.
Si Tulum sigue en tu radar, la invitación es clara: ve con otra mirada. Infórmate antes de llegar, ajusta expectativas, elige proyectos locales, respeta el entorno y entiende el contexto del destino. No todo está diseñado para el consumo inmediato ni para cumplir con una imagen idealizada.
Viajar responsablemente no significa sacrificar la experiencia, sino hacerla más consciente.
Lo que pasa en Tulum no ocurre en aislamiento. Es el reflejo de cómo viajamos hoy, de lo que exigimos y de lo poco que a veces escuchamos a los destinos que visitamos.
Quizá este no sea el momento de pedirle más a Tulum, sino de preguntarnos cómo queremos viajar a partir de ahora. Con menos prisa, menos expectativa y más respeto porque los destinos no se rompen solos y los viajes que más se quedan con nosotros casi nunca son los más virales, sino los más honestos.