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Este 2025 conocí nuevos lugares y redescubrí muchos otros, pero de una forma distinta. Viajé con más intención, no se trató solo de sumar destinos, sino de crear espacios para compartir con las personas que amo, de quedarme un poco más y de escuchar lo que cada lugar (y cada momento) tenía para enseñarme. Cada destino llegó con su propio ritmo y, sin darme cuenta, también me enseñó nuevas formas de estar, moverme y mirar hacia lo que viene en 2026.
Viajar así cambió la manera en la que recuerdo cada experiencia. Ya no pienso los destinos solo por lo que vi, sino por lo que sentí y por lo que dejaron en mí. Por eso, este top de destinos 2025 no es un ranking tradicional, sino una colección de aprendizajes que marcaron mi forma de viajar y que hoy definen cómo quiero moverme el próximo año.
En China, muchas veces no sabía exactamente qué estaba pasando. No entendía el idioma, no siempre entendía los gestos y, más de una vez, tampoco el ritmo del día. Al principio fue incómodo. Luego, liberador.
Caminar por ciudades inmensas, perderme entre letreros que no podía leer y aprender a observar en lugar de preguntar fue parte del viaje. China no me pidió certezas, me pidió paciencia. Y cuando dejé de querer controlarlo todo, el viaje empezó a fluir.
Lo que me llevo para 2026: soltar la necesidad de entenderlo todo y confiar más en el camino.
Japón fue uno de los destinos imperdibles de 2025 por razones muy distintas. Aquí, el orden convive con la sensibilidad, y los detalles transforman por completo la experiencia de viaje.
Japón se sintió como bajar el volumen. Desde los silencios en el transporte hasta la forma en la que todo parece estar exactamente donde debe estar. Los rituales cotidianos, la estética sencilla y la atención al detalle me recordaron que viajar también puede ser una práctica de presencia.
Lo que me llevo para 2026: cuidar los pequeños detalles, porque ahí también se construyen grandes experiencias.
Viajar por México en 2025 fue una confirmación: no siempre hace falta cruzar el mundo para encontrar destinos que transforman. Volver a lugares conocidos con otra mirada hizo que cada experiencia se sintiera nueva.
México me recordó que casa también puede sorprender y que viajar no siempre implica ir lejos, sino mirar distinto.
Lo que me llevo para 2026: seguir explorando México con la curiosidad de quien viaja por primera vez.
Canadá fue, sin duda, uno de los viajes más contemplativos de este 2025. Es un destino que no empuja, no corre y no exige. Caminar entre paisajes amplios y cielos abiertos fue una invitación clara a bajar el ritmo.
Aquí entendí que viajar no siempre significa hacer más, sino detenerse. La naturaleza tiene una forma muy clara de recordarnos la importancia de la pausa.
Lo que me llevo para 2026: elegir viajes que también funcionen como pausa.
Eslovenia fue una de las grandes sorpresas dentro de mi top de destinos 2025. Un país que no necesita exagerar para conquistar: lagos, pueblos pequeños y una sensación constante de equilibrio.
Este viaje confirmó que el verdadero lujo está en lo simple, en lo bien cuidado y en los destinos que no compiten por atención, pero se quedan contigo.
Lo que me llevo para 2026: elegir destinos con más esencia y menos ruido.
Este top de destinos 2025 me dejó una certeza clara: el lugar importa, pero la forma en la que viajamos lo transforma todo. Para 2026, mi intención no es viajar más rápido ni más lejos, sino seguir eligiendo destinos que me permitan estar presente, compartir y regresar distinta.
Porque viajar, al final, no siempre se trata de ir más lejos, sino de volver con algo que se queda. Y ahora me encantaría saber: ¿qué lugares te marcaron este año? Te leo en los comentarios y compartimos historias.
Y si después de leer esto sientes que es tu momento —y Japón te ronda la cabeza— aquí te dejo una guía para empezar a imaginar ese viaje con calma y buena planeación: Cómo planear tu primer viaje a Japón